Desde la Fundación Euroárabe de Altos Estudios, reforzamos nuestro compromiso con la lucha feminista con motivo del 8M en este mes de marzo, al que hemos renombrado el Mes Internacional de las Mujeres. Un mes cuya agenda hemos llenado de múltiples actividades convergentes en un solo fin: el de alzar la voz no solo para conmemorar, sino también para denunciar, resistir y proponer una mayor igualdad, justicia y visibilidad.
Como puente entre culturas y espacio de pensamiento crítico, nuestra institución se reafirma en que la lucha por los derechos de las mujeres es el termómetro definitivo de la salud democrática de nuestras sociedades.
La igualdad no es una meta alcanzada, sino un proceso que exige vigilancia constante para caminar hacia nuevos retos. Históricamente, las mujeres han liderado la transformación del mundo hacia estructuras más justas. Hoy, esa lucha sigue siendo el motor de los derechos humanos en ambas orillas del Mediterráneo y más allá.
Sin embargo, no podemos ignorar las sombras que acechan: asistimos a una ola de retrocesos donde discursos de odio y políticas regresivas pretenden devolvernos a un pasado de tutela y sumisión.
Vivimos tiempos convulsos donde la precariedad, los conflictos armados y el auge del autoritarismo golpean con especial saña el cuerpo y la vida de las mujeres. La involución no es solo retórica; es palpable en la pérdida de espacios de seguridad y en la normalización de violencias que creíamos estar erradicando.
La indiferencia social es el caldo de cultivo donde germina la impunidad.
Hoy, nuestro manifiesto cobra un nombre propio y doloroso:
Salma.
Su historia en Murcia es el espejo de una falla sistémica insoportable. Salma no solo fue víctima de una violencia brutal, sino también de la invisibilidad. Mientras ella vivía un calvario de años entre cuatro paredes, el mundo exterior seguía girando, inerte ante su búsqueda.
¿Dónde estaban las redes de protección?
¿Dónde estaban los medios de comunicación que callaron su tragedia?
¿Por qué el dolor de una mujer migrante o racializada a menudo pesa menos en la balanza de la indignación pública?
El caso de Salma es un recordatorio de que la interseccionalidad no es solo un enfoque teórico, sino una cuestión de vida o muerte. La desidia mediática y social ante su secuestro y tortura es una herida abierta en nuestra conciencia colectiva.


